Vas a leer en todos lados que hoy cualquiera puede armar una página sin saber programar. Yo diría que hoy cualquiera puede diseñar una página sin saber programar, que no es lo mismo.
Y lo digo habiéndolo probado. Nunca escribí una línea de código —siempre estuve del lado de pensar la estructura y diseñarla, y que otro lo lleve a cabo— y la página que estás leyendo existe igual. Así que la promesa no es mentira. Está incompleta.
Le falta todo lo que pasa entre que el diseño está listo y la página está en internet.
El primer cuello de botella: decidir qué va
Cuando la barrera técnica desaparece, te quedás sola frente a las preguntas que en realidad importan. ¿Qué va primero? ¿Para qué existe esta página? ¿Qué quiero que sienta alguien que llega desde un video y no me conoce de nada?
Eso no lo resuelve ninguna herramienta. Yo pedía "hacé una sección de presentación" y salía una sección impecable, bien maquetada. Con un texto que no decía nada, porque el texto tenía que escribirlo yo.
Y ahí me pasó algo que no esperaba: tener claro cómo se ve algo no te resuelve qué merece estar ahí. Son dos trabajos distintos y yo los tenía mezclados.
El segundo, que no vi venir: subirla
Este fue el que de verdad me trabó, y es del que menos se habla.
Terminás con el diseño, decís listo, y te encontrás con una carpeta llena de archivos que no sabés dónde van. Cuál es el que se abre primero, qué pasa si movés uno de lugar, dónde tienen que estar las imágenes para que la página las encuentre, qué se sube y qué se queda en tu compu.
No es difícil en el sentido de complejo. Es difícil en el sentido de que nadie te lo explica, porque todos los tutoriales terminan cuando el diseño se ve lindo.
Y ahí me pasó algo que después entendí que era la lección de todo esto. Cuando terminé de diseñar, me di cuenta de que la página no tenía nada del trabajo invisible: los títulos que Google lee, la descripción que aparece en los resultados, la imagen que se muestra cuando pegás el link en WhatsApp.
La IA no te lo trae sola. Vos le pedís una página linda y te da una página linda. Todo lo demás aparece solamente si sabés que hay que pedirlo.
Y eso es lo incómodo del asunto: la herramienta te tapa la falta de conocimiento técnico, pero no te tapa la falta de criterio. Si no sabés qué pedir, no te lo va a ofrecer.
El criterio de qué sacar
Lo mismo me pasó en la otra dirección, y es la parte que menos esperaba.
La IA te arma todo lo que le pidas, y lo arma bien. Casi le meto buscador, barra de categorías y formulario de newsletter, porque son cosas que tienen todas las páginas que miré de referencia. Ninguna me las iba a discutir.
Los saqué. Un buscador en un blog con tres notas es un chiste. Una barra de categorías con dos categorías usadas se ve vacía. Y un formulario de newsletter cuando todavía no tengo nada que mandar es pedirte algo a cambio de nada.
Nadie te va a frenar. Lo único que decide qué merece estar en la página sos vos, y esa decisión no se delega: hay que saber qué sí, qué no, y por qué.
Lo que me llevo
Que el trabajo no desapareció, se corrió de lugar. Antes estaba en ejecutar y ahora está en saber qué pedir y qué dejar afuera. La herramienta te tapa la falta de conocimiento técnico. No te tapa la falta de criterio.
Y que "está lista" es una frase mucho más ambigua de lo que parece. Yo la dije como tres veces, y las tres estaba equivocada.
De hecho la sigo diciendo mal: hay varias cosas de esta página que todavía no resolví. Así que si estás leyendo esto dentro de un tiempo, seguramente ya no se vea así.